Capitán Moro: Johann Koller
Toda cosa tiene su origen y en este caso lo era una pregunta de Paco: “¿Quieres entrar en una filá?”
¿En
que ? Silencio. – Y Paco me lo explicó…… . Era la pregunta clave. Yo,
un entonces joven Alemán, llegado justo doce años antes a este pueblo
junto a la orilla del mar. A Moraira. Y me pasó lo mismo que a otros. Moraira
siempre ha sabido atraer a gente, desde la geografía nacional hasta los
países más lejanos del planeta. No se sabe exactamente porque, pero
funciona. Mola y suena muy bién. A encanto, alegría, felicidad: Moraira
Desde
entonces he empezado a vivir. Y a aprender, experimentando y
adentrándome en un mundo nuevo, desde luego fascinante. Y como no,
conocer de cerca a gente maravillosa que habita esta joya de pueblo.
Conocer desde aquel año, el 1991, la capacidad de los vecinos, entre
otras cosas, de convertirse en festeros, de organizar, celebrar y vivir
la fiesta de Moros y Cristianos. Y llevar el espíritu festero de un año hasta el año siguiente, enriqueciéndole con nuevas ideas y cargando nuevas energías.
El
espíritu y el entusiasmo de los que formamos “ La Filà”, se mantuvo
durante los 23 años siguientes y está más vivo como nunca también este
año. “La Filá”, conocida y temida bajo su nombre de nobles “ Califas Abassies”
experimentó numerosas transformaciones en cuanto a sus componentes,
persistiendo inalterablemente su núcleo duro y su filosofía. Cada uno de
los “califas” demuestra fehacientemente que sería apto de representar la figura principal de cualquier novela de las grandes.
Me
hicieron el abanderado, el banderín, el tesorero, contratista de
bailarinas, representante en la Junta Central, Vicepresidente de la
Junta Central, Presidente de la filá, responsable de la intendencia, de
la contratación de camareras o el responsable de la limpieza,
suministrador de palmas para el decorado de la cábila, armero y
“polvero”. Unas 13 veces tuve el honor de presentar la fiesta.
En
una tarde gris como casi todas las del Noviembre, nos llamamos para ir
de cena en algún sitio inofensivo y mientras depuramos unas cervezas
para matar el tiempo de espera, constatando, a juzgar por el aroma
emanante de la cocina de que habíamos acertado con el sitio, otra vez
Paco: “¿Hannes, quieres salir como nuestro capitán?” ……………… Esta vez,
si, que supe lo que significaba esto. Lo que me faltó. El sueño de todos
que se precian verdaderos festeros de Moros y Cristianos. Y dije que
“sí”. Para que no se lo piensen dos veces.
Queda por aclarar: Paco es el cabo. Y mucho más para nosotros, los califas.
Y así entre las reuniones “ de trabajo” y los preparativos que cada día
y cada uno venimos realizando, se acercó la fiesta y ya la tenemos
delante de la puerta. Se puede decir, que es ya parte del pueblo y sus
costumbres. El esquema, siempre el mismo, ganan por imperativo histórico
los Cristianos. Lo que ha cambiado es la tecnología y las tácticas de
las batallas. El primer año, recuerdo, bajaron amigos de Benissa y por
carecer de armamento adecuado tiraron piedras para detener la furia
Cristiana en su último avance hasta el castillo. Barcos pesqueros y
otros se transformaron en pateras de atraco durante el desembarco moro.
Que atrevidos fuimos, desembarcando luego sobre las doce de la noche,
dejando que la luna nos enseñe la playa, la deseada tierra cristiana y
española. La administración nos lo prohibió prácticamente. Será porque
algunos se resfriaron no resistiendo al frio de la noche, al viento y a
la mar. Hoy día se emplea una sofisticada artillería, propia de las
fiestas patronales, y hasta algún oso para impresionar a los pobres
moros. Tal vez nos inventamos algo diferente, algún día. El espíritu, no
obstante, que permanezca.
Como amante incondicional de la fiesta de Moros y Cristianos siempre sentí el deseo de que todos se dejen contagiar por la alegría, por el aire que se respira en estos días de fiesta en Moraira. Me gustaría que todo el mundo se ponga su cara de domingo y festeros, vecinos y visitantes pasen unos días inolvidables.
Capitán Moro, Muhammad al-Muktafi
Filà Califas Abassies, Moraira, 2014
Johann Koller
Toda cosa tiene su origen y en este caso lo era una pregunta de Paco: “¿Quieres entrar en una filá?”
¿En
que ? Silencio. – Y Paco me lo explicó…… . Era la pregunta clave. Yo,
un entonces joven Alemán, llegado justo doce años antes a este pueblo
junto a la orilla del mar. A Moraira. Y me pasó lo mismo que a otros. Moraira
siempre ha sabido atraer a gente, desde la geografía nacional hasta los
países más lejanos del planeta. No se sabe exactamente porque, pero
funciona. Mola y suena muy bién. A encanto, alegría, felicidad: Moraira
Desde
entonces he empezado a vivir. Y a aprender, experimentando y
adentrándome en un mundo nuevo, desde luego fascinante. Y como no,
conocer de cerca a gente maravillosa que habita esta joya de pueblo.
Conocer desde aquel año, el 1991, la capacidad de los vecinos, entre
otras cosas, de convertirse en festeros, de organizar, celebrar y vivir
la fiesta de Moros y Cristianos. Y llevar el espíritu festero de un año hasta el año siguiente, enriqueciéndole con nuevas ideas y cargando nuevas energías.
El
espíritu y el entusiasmo de los que formamos “ La Filà”, se mantuvo
durante los 23 años siguientes y está más vivo como nunca también este
año. “La Filá”, conocida y temida bajo su nombre de nobles “ Califas Abassies”
experimentó numerosas transformaciones en cuanto a sus componentes,
persistiendo inalterablemente su núcleo duro y su filosofía. Cada uno de
los “califas” demuestra fehacientemente que sería apto de representar la figura principal de cualquier novela de las grandes.
Me
hicieron el abanderado, el banderín, el tesorero, contratista de
bailarinas, representante en la Junta Central, Vicepresidente de la
Junta Central, Presidente de la filá, responsable de la intendencia, de
la contratación de camareras o el responsable de la limpieza,
suministrador de palmas para el decorado de la cábila, armero y
“polvero”. Unas 13 veces tuve el honor de presentar la fiesta.
En
una tarde gris como casi todas las del Noviembre, nos llamamos para ir
de cena en algún sitio inofensivo y mientras depuramos unas cervezas
para matar el tiempo de espera, constatando, a juzgar por el aroma
emanante de la cocina de que habíamos acertado con el sitio, otra vez
Paco: “¿Hannes, quieres salir como nuestro capitán?” ……………… Esta vez,
si, que supe lo que significaba esto. Lo que me faltó. El sueño de todos
que se precian verdaderos festeros de Moros y Cristianos. Y dije que
“sí”. Para que no se lo piensen dos veces.
Queda por aclarar: Paco es el cabo. Y mucho más para nosotros, los califas.
Y así entre las reuniones “ de trabajo” y los preparativos que cada día
y cada uno venimos realizando, se acercó la fiesta y ya la tenemos
delante de la puerta. Se puede decir, que es ya parte del pueblo y sus
costumbres. El esquema, siempre el mismo, ganan por imperativo histórico
los Cristianos. Lo que ha cambiado es la tecnología y las tácticas de
las batallas. El primer año, recuerdo, bajaron amigos de Benissa y por
carecer de armamento adecuado tiraron piedras para detener la furia
Cristiana en su último avance hasta el castillo. Barcos pesqueros y
otros se transformaron en pateras de atraco durante el desembarco moro.
Que atrevidos fuimos, desembarcando luego sobre las doce de la noche,
dejando que la luna nos enseñe la playa, la deseada tierra cristiana y
española. La administración nos lo prohibió prácticamente. Será porque
algunos se resfriaron no resistiendo al frio de la noche, al viento y a
la mar. Hoy día se emplea una sofisticada artillería, propia de las
fiestas patronales, y hasta algún oso para impresionar a los pobres
moros. Tal vez nos inventamos algo diferente, algún día. El espíritu, no
obstante, que permanezca.
Como amante incondicional de la fiesta de Moros y Cristianos siempre sentí el deseo de que todos se dejen contagiar por la alegría, por el aire que se respira en estos días de fiesta en Moraira. Me gustaría que todo el mundo se ponga su cara de domingo y festeros, vecinos y visitantes pasen unos días inolvidables.
Capitán Moro, Muhammad al-Muktafi
Filà Califas Abassies, Moraira, 2014
Johann Koller






















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