Los cines que marcaron a generaciones reviven en la tercera jornada de la Mostra Curts de Moscatell
Exhibidores, investigadores y aficionados compartieron recuerdos y retos de futuro antes de una sesión de seis cortometrajes presentada por varios de sus creadores
![[Img #45550]](https://teuladamorairadigital.es/upload/images/08_2026/8027_03-charla-cines-marina-alta-2000.jpg)
La XI Mostra Curts de Moscatell convirtió ayer, miércoles 26 de agosto, el Auditori Teulada Moraira en un gran espacio para recordar de dónde viene el cine en la Marina Alta y comprobar, horas después, hacia dónde continúa caminando. La tercera jornada unió el encuentro Els cines de la Marina Alta, dedicado a la memoria de las salas de la comarca, con la proyección de seis cortometrajes - en el marco de la Mostra- y un coloquio previo con varios de sus responsables.
El director de la Mostra, Joan Llobell, condujo ambas conversaciones y explicó que la mesa dedicada a los cines históricos no pretendía quedarse en un ejercicio de nostalgia. La voluntad del certamen es que el encuentro sea «la semilla» de un proyecto más amplio que permita recuperar, ordenar y poner en valor un patrimonio sentimental e histórico que todavía permanece disperso entre edificios, fotografías, programas de mano y, sobre todo, recuerdos personales.
En la mesa participaron Sergi Miralles, cineasta y miembro de la familia vinculada al Autocine Drive In de Dénia; el periodista e investigador Toni Reig Pérez; Antonio Català Bover, del Cine Jayan de Xàbia; Antonio Signes, ligado al Cine La Paz de Gata de Gorgos; Francisco Pérez Torregrosa y Joan Ivars Cervera, conocedores de la memoria cinematográfica de Teulada; y el coleccionista Paco Moncho Pascual.
Cuando la Marina Alta tenía 34 salas oficiales
Toni Reig puso cifras a una época en la que acudir al cine era una de las principales formas de ocio. Según el anuario de 1956 que consultó para preparar el encuentro, la Marina Alta contaba entonces con 34 salas de exhibición oficiales. A ellas se sumaban proyecciones organizadas por parroquias, sindicatos, casinos, sociedades musicales y otras entidades.
El investigador recordó que la cifra todavía aumentó durante los años siguientes y que algunos municipios llegaron a disponer de varias salas de invierno y de verano. Incluso durante la etapa del cine mudo existieron en la comarca numerosos espacios que combinaron películas con actuaciones de variedades, cantantes y otros espectáculos.
La transformación social, la llegada de nuevas formas de ocio y, especialmente, el cambio en la manera de consumir películas fueron vaciando aquellos locales. Para Reig, con su desaparición se perdió también una experiencia colectiva: entrar en una sala oscura y compartir emociones con personas conocidas y desconocidas.
Sergi Miralles aportó la historia de una familia que llegó a gestionar simultáneamente siete espacios cinematográficos entre Dénia, Pego, Oliva y Calp. La mayoría desaparecieron físicamente y hoy permanece el Autocine Drive In de Dénia, fundado por su padre, Carles Miralles.
«Es una pena que la gente pierda las salas», afirmó. Miralles defendió que el futuro de los cines pequeños pasa por la especialización, la versión original, las películas de calidad y la fidelización del público. Recordó cómo su padre combinaba en los programas dobles una película comercial que atraía espectadores con otra propuesta menos conocida que, muchas veces, acababa siendo la que más les gustaba.
Pese a las dificultades, se mostró convencido de que la experiencia compartida sobrevivirá. Durante las proyecciones de L’Àvia i el Foraster en institutos de la comarca comprobó que muchos jóvenes llevaban mucho tiempo sin ir al cine, pero también que agradecían pasar dos horas concentrados en una historia y alejados del teléfono móvil. «La experiencia de juntarse para ver una película continúa y continuará», aseguró.
El Jayan y La Paz: dos maneras de resistir
Antonio Català Bover repasó la trayectoria familiar del Cine Jayan de Xàbia, una de las pocas salas de pueblo que continúan abiertas en la comarca. Explicó que la crisis provocada por la expansión del vídeo a mediados de los años ochenta supuso un golpe decisivo para los cines y que la posterior transición al formato digital obligó a afrontar inversiones muy elevadas.
En aquel momento, el respaldo de sus hijos resultó fundamental para seguir adelante. Català describió el Jayan como un cine «familiar de verdad», sostenido durante décadas por personas de la casa que han trabajado en la taquilla, el bar o cualquier lugar en el que hiciera falta. La apuesta por la versión original, el cine independiente y una programación adaptada al público de Xàbia ha contribuido a mantener viva la sala.
La historia del Cine La Paz de Gata de Gorgos está marcada por otra clase de resistencia. Antonio Signes explicó que el primer edificio fue levantado por su abuelo en 1925 y que él lo reconstruyó por completo en 1977. La sala funcionó con fuerza durante años, pero terminó cerrando en 2003.
Desde entonces recibió propuestas para derribarlo y construir viviendas, pero siempre se negó. «El cine no es nuestro, el cine es de Gata», afirmó. En la actualidad existen varias personas interesadas en su reapertura. Signes dejó clara su condición: si el espacio vuelve a funcionar, debe hacerlo con una programación real y continuada, no para permanecer nuevamente cerrado.
Catorce mil prospectos nacidos de una entrada sin pagar
Una de las historias más entrañables de la tarde fue la de Paco Moncho. Su pasión comenzó cuando era niño y se quedó mirando la publicidad de Hombre o demonio a las puertas del Cine La Paz. No tenía dinero para la entrada, pero el portero lo dejó pasar. Al terminar encontró en el suelo varios prospectos de la película y se llevó algunos a casa. Aquel gesto fue el principio de una colección que hoy reúne alrededor de 14.000 programas de mano.
Moncho impulsó posteriormente la web prospectosdecine.com, cuyo catálogo colaborativo supera los 18.000 prospectos y permite que aficionados de cualquier lugar incorporen nuevas piezas. La página incluye también un inventario de cerca de 3.000 salas españolas, con imágenes y datos sobre sus propietarios, aforo o días de proyección.
«Lo hago por amor al cine», resumió. Sin embargo, su intervención dejó abierta una pregunta que conectó directamente con el propósito del encuentro: qué sucederá en el futuro con la web, la colección y toda la información reunida durante tantos años. Joan Llobell recogió esa preocupación como uno de los retos sobre los que la Mostra puede comenzar a trabajar.
Las películas viajaban de un pueblo a otro
Francisco Pérez Torregrosa y Joan Ivars Cervera completaron la conversación con numerosos recuerdos de los cines de Teulada. Evocaron las primeras proyecciones al aire libre, con una sábana como pantalla y cada espectador llevando su propia silla; los locales que precedieron al cine de la Cultural y a El Molí; las butacas reservadas a determinados vecinos; y los carteles situados junto a la iglesia que informaban de la calificación moral de las películas.
También recordaron cómo una misma copia podía proyectarse casi al mismo tiempo en distintos pueblos. Cuando terminaba una parte de la película, alguien trasladaba rápidamente el rollo en motocicleta hasta la siguiente sala. Las anécdotas sobre inspectores, censura, cortes en los fotogramas y sesiones multitudinarias dibujaron una época en la que el cine no era solo una pantalla: formaba parte de la vida cotidiana de cada municipio.
Llobell cerró el encuentro reiterando que la Mostra quiere dar continuidad a lo escuchado y encontrar una fórmula para proteger ese patrimonio antes de que desaparezca con sus protagonistas.
![[Img #45549]](https://teuladamorairadigital.es/upload/images/08_2026/8163_02-coloquio-directores-cortometrajes-2000.jpg)
Seis cortometrajes y cuatro miradas detrás de la pantalla
A las 20:00 horas comenzó la tercera sesión de proyecciones. Antes de apagar las luces, Joan Llobell conversó con Jairo González, director de La colisión; Cecilia Gessa, directora de Una conversación pendiente; Rafa Piqueras, director de Quemar al padre; y Álex Cuéllar, jefe de producción de Cotton Candy, quien acudió en representación de su director, Adán Aliaga.
Jairo González presentó La colisión como una autoficción basada en lo que sufrió su familia durante la crisis económica de 2008. Rodado en Benidorm, Xàbia y Finestrat, el corto muestra aquella experiencia a través de un adolescente de 17 años y conserva, según el realizador, «un 95% de realidad».
El proyecto nació pensando primero en un largometraje. El corto ha servido para encontrar el tono y poner a prueba algunas de las escenas más complejas de la futura película, titulada Los años vacíos. González explicó que volver a aquella etapa significó abrir un cajón que su familia llevaba mucho tiempo intentando cerrar. La decisión definitiva llegó en 2023, cuando un fondo buitre compró la casa de sus padres.
Cecilia Gessa explicó que Una conversación pendiente, protagonizado por Carlos Bardem y Salva Reina, surgió de la sensación de sentirse sola aun estando acompañada. El cortometraje reúne a dos amigos que, después de más de trece años, no han mantenido una conversación verdaderamente sincera. A través de un trabajo interpretativo sutil, la directora aborda la amistad, las apariencias, aquello que se calla y el amor no correspondido.
Álex Cuéllar presentó Cotton Candy como una historia sobre el legado familiar y la dificultad de continuar tradiciones heredadas. La obra de Adán Aliaga se adentra en una familia real de feriantes y nació a partir de una intervención artística de Carolina Diego, actriz protagonista y propietaria en la vida real del puesto de algodón de azúcar que aparece en pantalla. El corto contrapone la voluntad de una madre de transmitir su oficio con el deseo de su hija adolescente de elegir otro camino.
Por último, Rafa Piqueras definió Quemar al padre como «una comedia freudiana con espíritu de Berlanga». Rodada en Almenara, Xilxes y Altea, la historia utiliza el fuego, el duelo y una promesa familiar para construir una comedia negra de raíces profundamente mediterráneas. Piqueras destacó la buena acogida que está recibiendo el trabajo en festivales y, especialmente, los premios del público.
La sesión se completó con Cara de cona, de Guillermo de Oliveira, y Chicken Jazz, de Imanol Ruiz de Lara. En total, el público pudo ver seis propuestas diferentes unidas por una misma voluntad: convertir experiencias personales, conflictos familiares y realidades cercanas en historias capaces de ser compartidas en una sala.
La XI Mostra Curts de Moscatell, impulsada por el Ayuntamiento de Teulada, continúa este jueves 27 de agosto con el encuentro dedicado a los cineastas galardonados en los Goya 2026 y la última sesión de cortometrajes antes de la gala de clausura del viernes.

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La XI Mostra Curts de Moscatell convirtió ayer, miércoles 26 de agosto, el Auditori Teulada Moraira en un gran espacio para recordar de dónde viene el cine en la Marina Alta y comprobar, horas después, hacia dónde continúa caminando. La tercera jornada unió el encuentro Els cines de la Marina Alta, dedicado a la memoria de las salas de la comarca, con la proyección de seis cortometrajes - en el marco de la Mostra- y un coloquio previo con varios de sus responsables.
El director de la Mostra, Joan Llobell, condujo ambas conversaciones y explicó que la mesa dedicada a los cines históricos no pretendía quedarse en un ejercicio de nostalgia. La voluntad del certamen es que el encuentro sea «la semilla» de un proyecto más amplio que permita recuperar, ordenar y poner en valor un patrimonio sentimental e histórico que todavía permanece disperso entre edificios, fotografías, programas de mano y, sobre todo, recuerdos personales.
En la mesa participaron Sergi Miralles, cineasta y miembro de la familia vinculada al Autocine Drive In de Dénia; el periodista e investigador Toni Reig Pérez; Antonio Català Bover, del Cine Jayan de Xàbia; Antonio Signes, ligado al Cine La Paz de Gata de Gorgos; Francisco Pérez Torregrosa y Joan Ivars Cervera, conocedores de la memoria cinematográfica de Teulada; y el coleccionista Paco Moncho Pascual.
Cuando la Marina Alta tenía 34 salas oficiales
Toni Reig puso cifras a una época en la que acudir al cine era una de las principales formas de ocio. Según el anuario de 1956 que consultó para preparar el encuentro, la Marina Alta contaba entonces con 34 salas de exhibición oficiales. A ellas se sumaban proyecciones organizadas por parroquias, sindicatos, casinos, sociedades musicales y otras entidades.
El investigador recordó que la cifra todavía aumentó durante los años siguientes y que algunos municipios llegaron a disponer de varias salas de invierno y de verano. Incluso durante la etapa del cine mudo existieron en la comarca numerosos espacios que combinaron películas con actuaciones de variedades, cantantes y otros espectáculos.
La transformación social, la llegada de nuevas formas de ocio y, especialmente, el cambio en la manera de consumir películas fueron vaciando aquellos locales. Para Reig, con su desaparición se perdió también una experiencia colectiva: entrar en una sala oscura y compartir emociones con personas conocidas y desconocidas.
Sergi Miralles aportó la historia de una familia que llegó a gestionar simultáneamente siete espacios cinematográficos entre Dénia, Pego, Oliva y Calp. La mayoría desaparecieron físicamente y hoy permanece el Autocine Drive In de Dénia, fundado por su padre, Carles Miralles.
«Es una pena que la gente pierda las salas», afirmó. Miralles defendió que el futuro de los cines pequeños pasa por la especialización, la versión original, las películas de calidad y la fidelización del público. Recordó cómo su padre combinaba en los programas dobles una película comercial que atraía espectadores con otra propuesta menos conocida que, muchas veces, acababa siendo la que más les gustaba.
Pese a las dificultades, se mostró convencido de que la experiencia compartida sobrevivirá. Durante las proyecciones de L’Àvia i el Foraster en institutos de la comarca comprobó que muchos jóvenes llevaban mucho tiempo sin ir al cine, pero también que agradecían pasar dos horas concentrados en una historia y alejados del teléfono móvil. «La experiencia de juntarse para ver una película continúa y continuará», aseguró.
El Jayan y La Paz: dos maneras de resistir
Antonio Català Bover repasó la trayectoria familiar del Cine Jayan de Xàbia, una de las pocas salas de pueblo que continúan abiertas en la comarca. Explicó que la crisis provocada por la expansión del vídeo a mediados de los años ochenta supuso un golpe decisivo para los cines y que la posterior transición al formato digital obligó a afrontar inversiones muy elevadas.
En aquel momento, el respaldo de sus hijos resultó fundamental para seguir adelante. Català describió el Jayan como un cine «familiar de verdad», sostenido durante décadas por personas de la casa que han trabajado en la taquilla, el bar o cualquier lugar en el que hiciera falta. La apuesta por la versión original, el cine independiente y una programación adaptada al público de Xàbia ha contribuido a mantener viva la sala.
La historia del Cine La Paz de Gata de Gorgos está marcada por otra clase de resistencia. Antonio Signes explicó que el primer edificio fue levantado por su abuelo en 1925 y que él lo reconstruyó por completo en 1977. La sala funcionó con fuerza durante años, pero terminó cerrando en 2003.
Desde entonces recibió propuestas para derribarlo y construir viviendas, pero siempre se negó. «El cine no es nuestro, el cine es de Gata», afirmó. En la actualidad existen varias personas interesadas en su reapertura. Signes dejó clara su condición: si el espacio vuelve a funcionar, debe hacerlo con una programación real y continuada, no para permanecer nuevamente cerrado.
Catorce mil prospectos nacidos de una entrada sin pagar
Una de las historias más entrañables de la tarde fue la de Paco Moncho. Su pasión comenzó cuando era niño y se quedó mirando la publicidad de Hombre o demonio a las puertas del Cine La Paz. No tenía dinero para la entrada, pero el portero lo dejó pasar. Al terminar encontró en el suelo varios prospectos de la película y se llevó algunos a casa. Aquel gesto fue el principio de una colección que hoy reúne alrededor de 14.000 programas de mano.
Moncho impulsó posteriormente la web prospectosdecine.com, cuyo catálogo colaborativo supera los 18.000 prospectos y permite que aficionados de cualquier lugar incorporen nuevas piezas. La página incluye también un inventario de cerca de 3.000 salas españolas, con imágenes y datos sobre sus propietarios, aforo o días de proyección.
«Lo hago por amor al cine», resumió. Sin embargo, su intervención dejó abierta una pregunta que conectó directamente con el propósito del encuentro: qué sucederá en el futuro con la web, la colección y toda la información reunida durante tantos años. Joan Llobell recogió esa preocupación como uno de los retos sobre los que la Mostra puede comenzar a trabajar.
Las películas viajaban de un pueblo a otro
Francisco Pérez Torregrosa y Joan Ivars Cervera completaron la conversación con numerosos recuerdos de los cines de Teulada. Evocaron las primeras proyecciones al aire libre, con una sábana como pantalla y cada espectador llevando su propia silla; los locales que precedieron al cine de la Cultural y a El Molí; las butacas reservadas a determinados vecinos; y los carteles situados junto a la iglesia que informaban de la calificación moral de las películas.
También recordaron cómo una misma copia podía proyectarse casi al mismo tiempo en distintos pueblos. Cuando terminaba una parte de la película, alguien trasladaba rápidamente el rollo en motocicleta hasta la siguiente sala. Las anécdotas sobre inspectores, censura, cortes en los fotogramas y sesiones multitudinarias dibujaron una época en la que el cine no era solo una pantalla: formaba parte de la vida cotidiana de cada municipio.
Llobell cerró el encuentro reiterando que la Mostra quiere dar continuidad a lo escuchado y encontrar una fórmula para proteger ese patrimonio antes de que desaparezca con sus protagonistas.
![[Img #45549]](https://teuladamorairadigital.es/upload/images/08_2026/8163_02-coloquio-directores-cortometrajes-2000.jpg)
Seis cortometrajes y cuatro miradas detrás de la pantalla
A las 20:00 horas comenzó la tercera sesión de proyecciones. Antes de apagar las luces, Joan Llobell conversó con Jairo González, director de La colisión; Cecilia Gessa, directora de Una conversación pendiente; Rafa Piqueras, director de Quemar al padre; y Álex Cuéllar, jefe de producción de Cotton Candy, quien acudió en representación de su director, Adán Aliaga.
Jairo González presentó La colisión como una autoficción basada en lo que sufrió su familia durante la crisis económica de 2008. Rodado en Benidorm, Xàbia y Finestrat, el corto muestra aquella experiencia a través de un adolescente de 17 años y conserva, según el realizador, «un 95% de realidad».
El proyecto nació pensando primero en un largometraje. El corto ha servido para encontrar el tono y poner a prueba algunas de las escenas más complejas de la futura película, titulada Los años vacíos. González explicó que volver a aquella etapa significó abrir un cajón que su familia llevaba mucho tiempo intentando cerrar. La decisión definitiva llegó en 2023, cuando un fondo buitre compró la casa de sus padres.
Cecilia Gessa explicó que Una conversación pendiente, protagonizado por Carlos Bardem y Salva Reina, surgió de la sensación de sentirse sola aun estando acompañada. El cortometraje reúne a dos amigos que, después de más de trece años, no han mantenido una conversación verdaderamente sincera. A través de un trabajo interpretativo sutil, la directora aborda la amistad, las apariencias, aquello que se calla y el amor no correspondido.
Álex Cuéllar presentó Cotton Candy como una historia sobre el legado familiar y la dificultad de continuar tradiciones heredadas. La obra de Adán Aliaga se adentra en una familia real de feriantes y nació a partir de una intervención artística de Carolina Diego, actriz protagonista y propietaria en la vida real del puesto de algodón de azúcar que aparece en pantalla. El corto contrapone la voluntad de una madre de transmitir su oficio con el deseo de su hija adolescente de elegir otro camino.
Por último, Rafa Piqueras definió Quemar al padre como «una comedia freudiana con espíritu de Berlanga». Rodada en Almenara, Xilxes y Altea, la historia utiliza el fuego, el duelo y una promesa familiar para construir una comedia negra de raíces profundamente mediterráneas. Piqueras destacó la buena acogida que está recibiendo el trabajo en festivales y, especialmente, los premios del público.
La sesión se completó con Cara de cona, de Guillermo de Oliveira, y Chicken Jazz, de Imanol Ruiz de Lara. En total, el público pudo ver seis propuestas diferentes unidas por una misma voluntad: convertir experiencias personales, conflictos familiares y realidades cercanas en historias capaces de ser compartidas en una sala.
La XI Mostra Curts de Moscatell, impulsada por el Ayuntamiento de Teulada, continúa este jueves 27 de agosto con el encuentro dedicado a los cineastas galardonados en los Goya 2026 y la última sesión de cortometrajes antes de la gala de clausura del viernes.






















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