Editorial
El valor de decidir qué contar y qué proteger
Hoy he tomado una decisión que, probablemente, muchos no entenderán.
En las últimas horas, varios lectores me han preguntado por un suceso ocurrido en el municipio y del que otros medios sí han informado. Yo también estuve al tanto desde el primer momento. De hecho, recibí avisos y me desplacé hasta el lugar mientras, al mismo tiempo, la actualidad informativa nos llevaba de lleno a la vorágine de la Vuelta Ciclista a la Comunitat Valenciana que tenía su meta en el núcleo urbano de Teulada. Era, sin duda, uno de esos días en los que el ritmo informativo obliga a priorizar, contrastar y decidir con rapidez.
Cuando reuní toda la información y pude conocer el contexto real de lo sucedido, confirmé a través de una fuente cercana que detrás del episodio existía una situación vinculada a la salud mental. En ese momento, dejé de verlo únicamente como un suceso y empecé a verlo como algo más profundo, más humano y, sobre todo, más delicado.
El periodismo en su conjunto tiene una responsabilidad evidente: informar. Todo es susceptible de convertirse en noticia si cumple con los criterios informativos. Pero también existe otra responsabilidad que a veces queda en un segundo plano y que, sin embargo, considero igual de importante: decidir cómo y cuándo contar las cosas… o incluso decidir no contarlas.
Soy plenamente consciente de que esta información generaba expectación. Lo sé porque muchas personas me preguntaron directamente. Entiendo la curiosidad, entiendo el interés y entiendo que vivimos en un momento en el que la inmediatez informativa parece imponerse a cualquier otra consideración. Sin embargo, también creo que el periodismo local, el que está pegado al territorio y a su gente, debe mantener una mirada diferente, más cercana y más consciente del impacto que puede tener cada publicación.
La salud mental sigue siendo, en muchos casos, un tema rodeado de silencio, incomprensión y, en demasiadas ocasiones, estigmatización. Detrás de cada episodio hay personas, familias y entornos que sufren en silencio. Convertir determinadas situaciones en un titular puede contribuir a alimentar el morbo, el señalamiento o el juicio público hacia realidades que ya de por sí son extremadamente complejas.
No se trata de ocultar la realidad ni de practicar la autocensura. Se trata de aplicar un criterio. El mismo criterio que utilizamos para contrastar fuentes, para verificar datos o para proteger la identidad de menores. Informar también implica ponderar el daño que puede causar una noticia frente al interés público real que aporta.
Hoy he decidido, como responsable de este medio, que Teulada Moraira Digital no publicaría esa información. No porque no fuera cierta, no porque no existiera, sino porque, en este caso concreto, consideré que el impacto humano superaba el valor informativo que podía aportar a la sociedad.
Tal vez alguien piense que el periodismo debe contarlo todo. Es una postura legítima. Yo creo que el periodismo debe contarlo casi todo, pero también debe saber cuándo parar, cuándo respirar y cuándo poner a las personas por delante del clic, del titular o de la inmediatez.
El periodismo local convive con sus protagonistas. Nos cruzamos con ellos en la calle, compartimos espacios, fiestas, preocupaciones y vida cotidiana. Esa cercanía nos obliga, o al menos me obliga, a ejercer la profesión con una mirada que no pierda nunca la dimensión humana.
Hoy he preferido darle un respiro a quienes atraviesan una situación difícil. Probablemente mañana volveremos a contar historias duras, sucesos complejos o realidades incómodas, porque forman parte del ejercicio de informar. Pero también creo que, de vez en cuando, el silencio puede ser una forma de respeto.
Y si algo he aprendido en todos estos años es que el periodismo no solo se define por lo que publica, sino también por aquello que decide no convertir en noticia.
Vicente Bolufer
Hoy he tomado una decisión que, probablemente, muchos no entenderán.
En las últimas horas, varios lectores me han preguntado por un suceso ocurrido en el municipio y del que otros medios sí han informado. Yo también estuve al tanto desde el primer momento. De hecho, recibí avisos y me desplacé hasta el lugar mientras, al mismo tiempo, la actualidad informativa nos llevaba de lleno a la vorágine de la Vuelta Ciclista a la Comunitat Valenciana que tenía su meta en el núcleo urbano de Teulada. Era, sin duda, uno de esos días en los que el ritmo informativo obliga a priorizar, contrastar y decidir con rapidez.
Cuando reuní toda la información y pude conocer el contexto real de lo sucedido, confirmé a través de una fuente cercana que detrás del episodio existía una situación vinculada a la salud mental. En ese momento, dejé de verlo únicamente como un suceso y empecé a verlo como algo más profundo, más humano y, sobre todo, más delicado.
El periodismo en su conjunto tiene una responsabilidad evidente: informar. Todo es susceptible de convertirse en noticia si cumple con los criterios informativos. Pero también existe otra responsabilidad que a veces queda en un segundo plano y que, sin embargo, considero igual de importante: decidir cómo y cuándo contar las cosas… o incluso decidir no contarlas.
Soy plenamente consciente de que esta información generaba expectación. Lo sé porque muchas personas me preguntaron directamente. Entiendo la curiosidad, entiendo el interés y entiendo que vivimos en un momento en el que la inmediatez informativa parece imponerse a cualquier otra consideración. Sin embargo, también creo que el periodismo local, el que está pegado al territorio y a su gente, debe mantener una mirada diferente, más cercana y más consciente del impacto que puede tener cada publicación.
La salud mental sigue siendo, en muchos casos, un tema rodeado de silencio, incomprensión y, en demasiadas ocasiones, estigmatización. Detrás de cada episodio hay personas, familias y entornos que sufren en silencio. Convertir determinadas situaciones en un titular puede contribuir a alimentar el morbo, el señalamiento o el juicio público hacia realidades que ya de por sí son extremadamente complejas.
No se trata de ocultar la realidad ni de practicar la autocensura. Se trata de aplicar un criterio. El mismo criterio que utilizamos para contrastar fuentes, para verificar datos o para proteger la identidad de menores. Informar también implica ponderar el daño que puede causar una noticia frente al interés público real que aporta.
Hoy he decidido, como responsable de este medio, que Teulada Moraira Digital no publicaría esa información. No porque no fuera cierta, no porque no existiera, sino porque, en este caso concreto, consideré que el impacto humano superaba el valor informativo que podía aportar a la sociedad.
Tal vez alguien piense que el periodismo debe contarlo todo. Es una postura legítima. Yo creo que el periodismo debe contarlo casi todo, pero también debe saber cuándo parar, cuándo respirar y cuándo poner a las personas por delante del clic, del titular o de la inmediatez.
El periodismo local convive con sus protagonistas. Nos cruzamos con ellos en la calle, compartimos espacios, fiestas, preocupaciones y vida cotidiana. Esa cercanía nos obliga, o al menos me obliga, a ejercer la profesión con una mirada que no pierda nunca la dimensión humana.
Hoy he preferido darle un respiro a quienes atraviesan una situación difícil. Probablemente mañana volveremos a contar historias duras, sucesos complejos o realidades incómodas, porque forman parte del ejercicio de informar. Pero también creo que, de vez en cuando, el silencio puede ser una forma de respeto.
Y si algo he aprendido en todos estos años es que el periodismo no solo se define por lo que publica, sino también por aquello que decide no convertir en noticia.
Vicente Bolufer




















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