Acto de fe: Teulada canta desde sus balcones el himno a Sant Vicent Ferrer
Corría el año 1410. Cuenta la historia que, en esta fecha tan señalada, Teulada recibió la visita de Sant Vicent Ferrer. Muchos fueron, los testimonios históricos, que plasmaron los milagros del hoy, Santo Patrón de la Villa. Los vecinos y vecinas de la localidad dejaron escrito que las enfermedades, como la peste que azotó Europa a mediados del siglo XIV, o las continuas incursiones piratas que asolaron las costas levantinas, no se hicieron sentir en el municipio.
![[Img #32121]](http://teuladamorairadigital.es/upload/images/04_2020/7897_balcones-teulada.jpg)
La fe mueve montañas y no hay mejor ejemplo que lo vivido este domingo 5 de abril en Teulada. Un acontecimiento histórico y sin precedentes que, sin duda alguna, quedará recogido en los libros de la historial local, mostrando a futuro, como un pueblo se unió para pedir amparo su Santo Patrón.
Inmersos en pleno siglo XXI, este año 2020, una pandemia global ha mostrado una imagen poética de la fe cristiana. Los vecinos y vecinas del municipio de la localidad teuladina han salido a sus balcones y ventanas para cantar al unísono, el Himno de Sant Vicent Ferrer.
Debido al confinamiento obligado de los ciudadanos por la crisis sanitaria, la misa que este Domingo de Ramos ha conmemorado el 601 aniversario del fallecimiento de Sant Vicent Ferrer ha sido oficiada en solitario por el cura párroco de la localidad D. Vicente Solera, aunque eso sí, compartida a través de las redes sociales, como mandan los tiempos modernos.
Tras la ceremonia y coincidiendo con el día litúrgico de Sant Vicente, el párroco se plantó frente a las puertas del templo. En sus manos la Reliquia -un fragmento de hueso de una de las costillas del Santo Patrón- que llegó en 2009 de la mano del entonces obispo de la catedral de Vannes, Raymond Centène. El motivo: pedir por la intercesión de Sant Vicent Ferrer a través de un acto de fe, al cantar acompañado de las voces de todo el pueblo el himno de este venerado taumaturgo.
Han sido muchos los que, coincidiendo con el sonido de los carillones, han interpretado los emotivos versos, que dicen:
Entonem amb fervor nostre Himne
al gloriós taumaturg Sant Vicent,
que Teulada gojosa li ofrena
elevant nostra veu fins al cel.
En sa vida descans no va tindre,
Sant Vicent nostre pare gloriós,
Perseguint l’herejia, el mal viure
I de Déu inculcant el temor.
Paladí de l’honra de Déu,
en jamai es trobava cansat;
tot el món escoltava sa veu,
que portava remei als seus mals.
Amb miracles conferma el sermons,
posa pau en l’orbe cristià,
les virtuts broten a borbollons,
renovant, de l’Església, la faç.
Sant Vicent està en Teulada,
Sant Vicent és nostre Pare,
Sant Vicent és cosa nostra,
és l’orgull de tots nosaltres.
Visca sempre Sant Vicent
I en jamai ens desampare!
Visca sempre, sempre visca!
Visca sempre, dins nosaltres.
![[Img #32123]](http://teuladamorairadigital.es/upload/images/04_2020/6376_img_29422.jpg)
Los milagros de Sant Vicente Ferrer en Teulada
LA CREUETA DE L’AVE MARIA
Europa sufrió, a mediados del siglo XIV, una gran epidemia: la peste bubónica. En estas circunstancias, no es de extrañar que los habitantes de la villa pidiesen al maestro Vicente que les librase de esta plaga.
Vicente Ferrer acostumbraba a pasear durante su estancia en Teulada, y un día, a la altura del cruce de caminos que une el Camí de San Miquel o de l’Andragó, con el Camí del Pas, lugar desde donde se observa gran parte del término municipal, haciendo nuevamente la señal de la cruz, bendijo la población de forma que desde ese momento no sufriesen los desastres de la peste. Cuenta el padre Vicente Justiniano Antist, uno de los primeros biógrafos del Santo que las autoridades locales le refirieron que, unos cien años más tarde, en 1532, la comarca sufrió una gran epidemia, y así como en los pueblos vecinos murió gran parte de la población e incluso los animales, los habitantes de Teulada salieron ilesos.
EL MORO ABOFETEJAT
Cuentan que un día pasaban dos moriscos por delante de una imagen pintada de San Vicente – quizás por delante del casilicio que conmemora la despedida del Santo de Teulada, la costumbre imponía quitarse el sombrero en señal de respeto. Uno de ellos lo hizo, pero el otro no. Cuando el que se había descubierto preguntó a su compañero porque no lo había hecho, él contestó riendo que no creía en santos y en ese mismo momento sintió una bofetada en la cara que lo hizo caer al suelo... unos dicen que muerto y otros que mal herido, pero arrepintiéndose de sus pecados.
EL MIRACLE DELS PÈSOLS
Al maestro Vicente Ferrer le gustaba el arroz con guisantes y durante su visita a su hermana Constanza, esta quiso prepararle su comida favorita. Constanza se dio cuenta de que no tenía guisantes en su despensa y se acordó de que su vecino, aquel cuya huerta estaba cerca del Pozo a la salida del pueblo, le había dicho que podía recolectar lo que quisiese.
Constanza tomo unos cuantos guisantes y preparó un estupendo arroz.
Cuando Vicente se puso la primera cucharada en la boca hizo un gesto de repugnancia y a la pregunta de su hermana sobre el sabor del plato, le respondió que sabía a robado. Inmediatamente, y a la señal de la cruz, los guisantes volvieron a su vaina y de allí a su planta. Constanza prometió que no tomaría nada más “prestado” sin avisar al dueño.
LA FONT SANTA
En uno de los paseos que realizaban los dos hermanos por Teulada, y siendo que nos encontramos a finales de agosto de 1410 Constanza tuvo sed y no viendo ninguna fuente cerca, el santo toco una piedra con su bastón y de esa piedra comenzó a manar agua para aplacar la sed de su hermana.
Esta piedra la podemos ver hoy en día en la ermita de la Font Santa. Desde hace 6 siglos de ella brota agua gota a gota, sin aumentar el caudal con las lluvias ni disminuirlo con las sequías. Estos milagros han sido y son representados en los altares que se instalan en Valencia con motivo de la celebración de la festividad de San Vicente. Son los conocidos “Milacres”, convertidos, a partir del siglo XVIII, en pequeñas obras teatrales en valenciano y representados por niños.
![[Img #32121]](http://teuladamorairadigital.es/upload/images/04_2020/7897_balcones-teulada.jpg)
La fe mueve montañas y no hay mejor ejemplo que lo vivido este domingo 5 de abril en Teulada. Un acontecimiento histórico y sin precedentes que, sin duda alguna, quedará recogido en los libros de la historial local, mostrando a futuro, como un pueblo se unió para pedir amparo su Santo Patrón.
Inmersos en pleno siglo XXI, este año 2020, una pandemia global ha mostrado una imagen poética de la fe cristiana. Los vecinos y vecinas del municipio de la localidad teuladina han salido a sus balcones y ventanas para cantar al unísono, el Himno de Sant Vicent Ferrer.
Debido al confinamiento obligado de los ciudadanos por la crisis sanitaria, la misa que este Domingo de Ramos ha conmemorado el 601 aniversario del fallecimiento de Sant Vicent Ferrer ha sido oficiada en solitario por el cura párroco de la localidad D. Vicente Solera, aunque eso sí, compartida a través de las redes sociales, como mandan los tiempos modernos.
Tras la ceremonia y coincidiendo con el día litúrgico de Sant Vicente, el párroco se plantó frente a las puertas del templo. En sus manos la Reliquia -un fragmento de hueso de una de las costillas del Santo Patrón- que llegó en 2009 de la mano del entonces obispo de la catedral de Vannes, Raymond Centène. El motivo: pedir por la intercesión de Sant Vicent Ferrer a través de un acto de fe, al cantar acompañado de las voces de todo el pueblo el himno de este venerado taumaturgo.
Han sido muchos los que, coincidiendo con el sonido de los carillones, han interpretado los emotivos versos, que dicen:
Entonem amb fervor nostre Himne
al gloriós taumaturg Sant Vicent,
que Teulada gojosa li ofrena
elevant nostra veu fins al cel.
En sa vida descans no va tindre,
Sant Vicent nostre pare gloriós,
Perseguint l’herejia, el mal viure
I de Déu inculcant el temor.
Paladí de l’honra de Déu,
en jamai es trobava cansat;
tot el món escoltava sa veu,
que portava remei als seus mals.
Amb miracles conferma el sermons,
posa pau en l’orbe cristià,
les virtuts broten a borbollons,
renovant, de l’Església, la faç.
Sant Vicent està en Teulada,
Sant Vicent és nostre Pare,
Sant Vicent és cosa nostra,
és l’orgull de tots nosaltres.
Visca sempre Sant Vicent
I en jamai ens desampare!
Visca sempre, sempre visca!
Visca sempre, dins nosaltres.
![[Img #32123]](http://teuladamorairadigital.es/upload/images/04_2020/6376_img_29422.jpg)
Los milagros de Sant Vicente Ferrer en Teulada
LA CREUETA DE L’AVE MARIA
Europa sufrió, a mediados del siglo XIV, una gran epidemia: la peste bubónica. En estas circunstancias, no es de extrañar que los habitantes de la villa pidiesen al maestro Vicente que les librase de esta plaga.
Vicente Ferrer acostumbraba a pasear durante su estancia en Teulada, y un día, a la altura del cruce de caminos que une el Camí de San Miquel o de l’Andragó, con el Camí del Pas, lugar desde donde se observa gran parte del término municipal, haciendo nuevamente la señal de la cruz, bendijo la población de forma que desde ese momento no sufriesen los desastres de la peste. Cuenta el padre Vicente Justiniano Antist, uno de los primeros biógrafos del Santo que las autoridades locales le refirieron que, unos cien años más tarde, en 1532, la comarca sufrió una gran epidemia, y así como en los pueblos vecinos murió gran parte de la población e incluso los animales, los habitantes de Teulada salieron ilesos.
EL MORO ABOFETEJAT
Cuentan que un día pasaban dos moriscos por delante de una imagen pintada de San Vicente – quizás por delante del casilicio que conmemora la despedida del Santo de Teulada, la costumbre imponía quitarse el sombrero en señal de respeto. Uno de ellos lo hizo, pero el otro no. Cuando el que se había descubierto preguntó a su compañero porque no lo había hecho, él contestó riendo que no creía en santos y en ese mismo momento sintió una bofetada en la cara que lo hizo caer al suelo... unos dicen que muerto y otros que mal herido, pero arrepintiéndose de sus pecados.
EL MIRACLE DELS PÈSOLS
Al maestro Vicente Ferrer le gustaba el arroz con guisantes y durante su visita a su hermana Constanza, esta quiso prepararle su comida favorita. Constanza se dio cuenta de que no tenía guisantes en su despensa y se acordó de que su vecino, aquel cuya huerta estaba cerca del Pozo a la salida del pueblo, le había dicho que podía recolectar lo que quisiese.
Constanza tomo unos cuantos guisantes y preparó un estupendo arroz.
Cuando Vicente se puso la primera cucharada en la boca hizo un gesto de repugnancia y a la pregunta de su hermana sobre el sabor del plato, le respondió que sabía a robado. Inmediatamente, y a la señal de la cruz, los guisantes volvieron a su vaina y de allí a su planta. Constanza prometió que no tomaría nada más “prestado” sin avisar al dueño.
LA FONT SANTA
En uno de los paseos que realizaban los dos hermanos por Teulada, y siendo que nos encontramos a finales de agosto de 1410 Constanza tuvo sed y no viendo ninguna fuente cerca, el santo toco una piedra con su bastón y de esa piedra comenzó a manar agua para aplacar la sed de su hermana.
Esta piedra la podemos ver hoy en día en la ermita de la Font Santa. Desde hace 6 siglos de ella brota agua gota a gota, sin aumentar el caudal con las lluvias ni disminuirlo con las sequías. Estos milagros han sido y son representados en los altares que se instalan en Valencia con motivo de la celebración de la festividad de San Vicente. Son los conocidos “Milacres”, convertidos, a partir del siglo XVIII, en pequeñas obras teatrales en valenciano y representados por niños.























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